En los últimos años, hemos vivido un proceso de cambio en el rap. Nosotros lo hemos vivido desde el panorama del rap español, por lo que a este haremos referencia a lo largo de este artículo, pero considero que es algo global aunque no sincronizado. Creo que a estas alturas, ya podemos hablar de que este cambio ha cristalizado, configurando un nuevo tipo de escena mayoritaria en el género. Una muy distinta a la de ese en el que crecimos y al que vinculábamos ciertos valores o ideas.
Y es que el rap actual constituye ya, por fin, el mainstream. Con todo lo bueno y todo lo malo que ello conlleva. Y aunque cada uno es libre de crear o consumir en la forma que quiera, a mí (personalmente) me estaba costando encontrar algo que me llenase. Y entonces llegó Kneecap.
Un panorama que bebe del grifo del mainstream
Aquí siempre hemos abogado por el derecho de los artistas a vivir de su música, a poder entrar en los círculos empresariales musicales en los que se han movido otros géneros, y aprovecharse de ellos para vivir de forma digna de su trabajo.
Hay varias generaciones que, viniendo de un contexto en el que el rap no tenía ningún futuro, fueron capaces de realizar esa transición al mercado musical sin perderse por el camino. Tenemos en nuestro panorama grandes referentes, como serían Doble V o incluso más actualmente Natos y Waor.
Otros, no lo hicieron tan bien. Cosa que hasta cierto punto también es comprensible. Empatizable. Al fin y al cabo todos queremos comer. Y al final, que el género creciese en público y oportunidades, solo nos beneficiaba a todos.
Punto de inflexión: El Madrileño
Creo que el punto de inflexión (aunque no la causa) quedó patente con el salto de Pucho a lo que él consideró una forma válida de escapar de la precariedad del rap. Algo que sirvió de referencia para muchos, y que se combinó con nuevas ideas y conceptos que llegaron con el boom del trap.
En este sentido, la performance ganó muchísimo peso. Casi más que la música. Porque la performance da trabajo, pero vende. Vende más y da menos trabajo que la música bien trabajada. Esto no fue lo que hizo Pucho con El Madrileño, pero fue algo que caló.
Y con esto, de repente comenzaron a surgir artistas que vivían de la performance. De dar la nota en redes, de ser "irreverentes", de dar que hablar con lo que hacen fuera del estudio, y no por lo que hacen dentro.
La generación de los que solo se deben a sí mismos
Este mensaje ha calado tremendamente rápido entre un público joven que no consumía esta música antes. Ha empatado con pensamientos neoliberales y anarcocapitalistass que están en alza. Cosas que, antes en el rap, no habrían tenido cabida. Un mensaje que, más allá de la polémica de "la calle", reclama un egoísmo tremendo, y que demuestra que el éxito se consigue no con méritos reales, si no con quién dice la estupidez más grande más alto.
Obviamente, esto no incluye a todo el mundo. Hay grandes referencias entre las generaciones más jóvenes de la escena, con mensaje de clase, con mensaje de calle también, con conciencia de quienes son y de donde vienen: Ergo Pro y Ill Pekeño, Las Ninyas del Corro, Hoke, Santa Salut, Huda y un largo etc. Pero igual es porque siempre hace más ruido el imbécil que el que trabaja, en perspectiva se me hacían los menos.
Faltaba alguien en el rap. Tenemos una generación muy buena (a nivel internacional) pero parecía que faltaban líderes. Kendrick da caña en USA, pero no podemos decir que sea un artista nuevo. Y entonces aparecieron Kneecap.
Un grupo imbatible: Kneecap
Tímidamente, se comenzaron a escuchar noticias sobre ellos en España cuando en Irlanda ya habían sido una completa revolución. Su película, que aquí ha pasado casi desapercibida, a mí me pareció reveladora en cuanto a la capacidad que tienen para ser realmente un altavoz. Un altavoz realmente irreverente, y no lo que se creen esos "artistas" de ig y tiktok.
Un grupo que ya había demostrado que no van a callarse, aunque tengan que ir contra viento y marea, y que luchaban contra una causa estructural y sistémica en su país, sin por ello caer en tópicos panfletarios y discursos soporíferos. Un grupo con carisma, con éxito, pero que sigue siendo un grupo. Su grupo.
Y entonces llegó la apoteosis con su paso por Coachella y la polémica por su apoyo a Palestina. El acoso y derribo, ya no solo de las instituciones británicas, sino internacionales. Un acoso y derribo que han driblado de manera admirable, que siguen driblando, y que además en mi opinión les ha reforzado como lo que son: Líderes indiscutibles de una generación a nivel internacional que necesita reconectar con unas ideas y valores asociados a este género.
Rebeldes, carismáticos, y con ideales... ¿No te suena de nada?
Kneecap ha demostrado que aún puede haber artistas rebeldes, con carisma, mensaje e ideales que no se venden. Elementos que también podríamos haber utilizado para describir a grandes referentes de su tiempo como fue Tupac. Porque sí, Tupac era todo eso, no solo el maldito Thug Life. Porque aunque te dé pereza, Tupac se hizo famoso por ser inquebrantable, por pelear por la comunidad afroamericana a su manera, y reflejarlo en su música.
Y estas mismas características, sumadas a una lectura y visión musical que ciertamente son divertidas y enérgicas, las tiene Kneecap. Un grupo que, a mí personalmente, me ha devuelto la fe en el género.





