¿Dónde acaba el Graffiti y dónde empieza el vandalismo?

El graffiti vuelve a sufrir las consecuencias de ser confundido con el vandalismo. Por ello, queríamos diferenciar entre ambas cosas, y intentar esclarecer sus límites. 

Estos últimos días, saltaba la noticia de que la ciudad de Barcelona y su alcaldesa, Ada Colau, le declaraban la guerra al graffiti, debido a que en los últimos meses habían aparecido una gran cantidad de pintadas por todas las superficies disponibles de la ciudad, despertando quejas entre vecinos y comerciantes. 

Las noticias referentes al hecho, mostraban una realidad que le ha costado al movimiento del graffiti una larga serie de prejuicios y críticas inútiles: La incapacidad de los medios para diferenciar entre graffiti y pintada. 

La mala prensa

Este problema es inherente al propio graffiti. El hecho es que la autobroma viene de su mismo nombre. Si bien otros movimientos dentro del Hip-Hop como el rap o el breaking, crearon estas palabras para autodesignarse, en el caso del grafitti este fue denominado desde fuera del movimiento, y para ello se tomó el término que procede a su vez del latín y que se usaba ya en su momento para designar a las pintadas callejeras de los romanos. 

Por tanto, en un primer punto, el grafitti se hizo un autosabotaje a sí mismo al coger este término preexistente y que incluía actividades que poco tenían que ver con el arte. 

El problema es en realidad que ver esto, no tiene una excesiva dificultad, aunque a los medios de comunicación en España parece resistírseles la diferencia. 

En Barcelona, las quejas se erigen por pintadas que carecen de carácter artístico y que en muchos casos únicamente son de origen vandálico. No tienen absolutamente nada que ver con lo que entendemos como una expresión artística, no hay técnica, no hay concepto, no son más que chorradas que entendemos que nadie quiere en su escaparate. 

El problema es que las medidas tomadas para erradicar esta actividad, podrán afectar igualmente a aquellos grafiteros y grafiteras que sí que están desarrollando un fin artístico con sus obras. Y ahí es donde hay un problema. 

Un debate complejo

Creemos que el grafiti, como cualquier otro tipo de expresión artística, es una riqueza en sí mismo, y nos aporta un sinfín de obras disfrutables, siendo uno de los aspectos más espectaculares de la cultura, y como tal, no se le debe coartar. 

Es cierto que su carácter ilegal, al que en buena parte se ha visto empujado por esta situación de incomprensión, a veces puede enturbiar el debate y desdibujar los límites entre grafiti y vandalismo. Todos conocemos los famosos "bombardeos" donde lo importante es dejar el AKA el mayor número de veces en el mayor número de sitios. O los tags

Este tipo de expresiones podrían complicar este debate, pero aun así, incluyen un trasfondo antropológico, ideológico y unos principios culturales y filosóficos que podrían llevarnos a plantearnos que realmente son una expresión artística que enriquecen nuestras calles, aunque se encuentren en el borde de la misma. 

El caso de los treneros es otro tanto, aunque esta actividad sea totalmente ilegal y una de las más penadas, es claramente una expresión artística de carácter propio, y que debería ser desestigmatizada. 

La relación entre el grafiti y lo que es o no es legal siempre ha sido reñida. En los últimos años, se han hecho avances en este aspecto, y actualmente no es raro ver a grafiteros y muralistas trabajando codo con codo en muros gigantes de las ciudades contratados por los propios ayuntamientos para enriquecer las ciudades. 

No obstante, la esencia de esta parte de la cultura sigue ilegalizada y en guerra constante, lo que ha generado también grupos que se resisten a esta "legalización", ya que creen que corromperá al movimiento. 

Una cosa está clara ...

Lo cierto es que dejando a un lado los puntos más calientes de este debate, está claro que el grafiti sigue arrastrando a día de hoy una serie de estigmas sociales que se ven amplificado por medios como la televisión, y que en realidad son claramente erróneos, lo que en muchos casos fomenta esta división entre esta expresión cultural y la sociedad. 

Es ridículo que a estas alturas de la película, situaciones como la de Barcelona acaben salpicando a artistas consagrados que han aportado muchísima riqueza cultural a las calles de su ciudad. 

Es hora de educarnos para diferenciar que es grafiti y que es una pintada, que es arte y que no lo es, y, por tanto, poder dirigir este tipo de medidas hacia su verdadero origen y foco.